Nadie me regaló nada. Excepto una persona.

Y no era dinero.

Todo esto pasó en Gotemburgo, Suecia.

En una época en la que yo estaba completamente centrado en mejorar con la tuba. Pero centrado de verdad, obsesivamente. Hasta tal punto que no me permitía fallar en nada.

Ni una clase.
Ni un ensayo.
Ni un concierto.

Me daba igual hasta quién viniera a verme. Primero hacía mis horas de estudio y luego, si acaso, todo lo demás.

Tenía claro que yo estaba en la Swedish National Orchestra Academy para una sola cosa: profundizar en el repertorio orquestal. Nada más.

Vamos, un auténtico friki de la tuba.

Mis amigos Edu y Virgilio me hablaban de ese punto en el que uno puede llegar a cruzar la línea entre la razón y la locura. De cuando empiezas a perder un poco el control de tu cabeza, aunque creas que estás haciendo lo correcto.

Y lo entiendo.
Porque desde fuera, era lo que parecía.

Ellos vinieron a visitarme a Gotemburgo en noviembre de 2010, justo después de que falleciera mi padre. Querían acompañarme, estar conmigo, sacarme un poco de ahí… porque estaba más jodido de lo que podía reconocer.

Y aun así, yo seguía a lo mío.
Estudiando.
Enfocado.
Sin parar.

Años después, me dijeron algo tremendo:

Te refugiaste
en la tuba.

Boooom, aún hoy me sigue rebotando en la cabeza.

Joder… probablemente tenían razón (y espero que algún día me lo perdonéis).

El caso es que en medio de todo eso, pasaban cosas.

Porque cuando estás en los sitios donde tienes que estar, y haces lo que tienes que hacer, empiezan a aparecer oportunidades. A veces de donde menos te lo esperas.

Como aquel curioso día…

Resulta que fuimos a un concierto de la Göteborgs Symfoniker. Y en el descanso, mis dos amigos (que no tienen vergüenza, ni la conocen jaja) estaban hablando con un tipo que no pasaba desapercibido.

Era un hombre grande, de tamaño y de edad. Abogado y… melómano. De esos que llevan años sentándose en las primeras filas, concierto tras concierto. Hasta los propios músicos lo conocían…

Su nombre era Jerker Nilsson.

A partir de ahí empezamos a coincidir. Concierto por aquí, concierto por allá. Alguna conversación, me invitaba a alguna Coca-cola. Quedábamos para disfrutar de alguna cena. Sin más.

No era profesor.
No era mentor.
No era alguien clave en ese sentido.
Sin embargo, siempre estaba ahí.

No sé, posiblemente algo sospechoso para algunos.

Pero yo ya venía de hacer un poco de inmersión en la cultura americana, porque ya tenía la idea de irme a estudiar a Boston en cuanto acabara en Gotemburgo, entonces había descubierto algo que me cambió bastante la forma de ver las cosas: el tema de los donors, los mecenas.

Sí, sí, resulta que en el mundillo de la música también hay gente que pone dinero para que otros puedan formarse. Disfrutan haciéndolo, sienten que forman parte de algo más grande simplemente apoyando.

¿Quizá Jerker era ese tipo de persona?

Es que nunca hubo nada raro. Nunca hubo una intención extraña. Solo alguien que creía en lo que yo estaba haciendo.

Pasaron los meses.
Más conciertos.
Más conversaciones.
Más momentos.

Hasta que llegó el final de esa etapa, culminando con el último concierto en Gotemburgo antes de emprender mi soñado viaje al otro lado del charco.

Y sucedió algo inesperado.

Ese día, el bueno de Jerker, se acercó con esta bolsa tipo zurrón. La sigo teniendo por casa, aunque durante años la he usado sin darle demasiada importancia.

Hasta hoy, que he empezado a crear este proyecto. Ahora lo entenderás todo.

Dentro había varias cosas: una goma con la cara de Beethoven, un lápiz con símbolos musicales…

Y un sobre.

— Ábrelo… — me dijo.

Cuando vi lo que había dentro, me quedé blanco. No me lo esperaba.

— Nooo, no, no… no puedo aceptarlo. De verdad que esto no es necesario, Jerker !

Pero insistió, insistió y me volvió a insistir.

Me hizo saber que para él era un placer poder apoyarme en ese momento. En esa nueva andadura en Boston University.

Y entonces exclamó algo que no se me olvidará jamás.

TUBAISM !

Lo repitió varias veces.

THE ART OF
TUBAISM !

I want to support
you expanding the
art of Tubaism!

¿TUBAISMO?
¿Quiero apoyarte a expandir el ARTE DEL TUBAÍSMO?

Mi cara era un poema.
¿Pero qué cojones dice este hombre ahora?

A ver, pensé que era simplemente una forma rara, pero bonita, de hablar de la tuba.

Pero no.
No hablaba del instrumento.

Con el tiempo entendí que hablaba de algo mucho más profundo:

  • De una forma relevante de hacer las cosas con la tuba.
  • De un modo de pensar y ser como artista (sobre todo cuando nadie te está mirando).
  • Y sobre todo de comprometerte con el arte, con la música, para luego devolverle algo realmente valioso a la sociedad.

Ah, y hablando de algo valioso…

Dentro de aquel sobre había exactamente 1.000 dólares.

Y sí, parece dinero.
Pero no lo era.

Era alguien diciéndome:

Creo en ti…
Ahora te toca demostrarlo.

Y eso pesa más que cualquier cifra.

Porque no es solo Jerker.
Son tus padres.
Tu pareja.

Ese profesor que lleva años detrás de ti.
Incluso los chavales a los que inspiras, aunque ni sepas que te miran con lupa.

Párate unos segundos a pensarlo.
Porque realmente te cambia la forma en la que te tomas todo.

A mi me la cambió.

De hecho, a partir de ahí vinieron más becas. Muchas más. Fundaciones de Suecia, instituciones de EE.UU., bancos de España… cantidades muchísimo más grandes.

Hasta que un día hice números y me di cuenta de que aquello ya no era casualidad.

Era un sistema.

¡ Había conseguido más de
200.000 euros en becas !

Y entonces me vino a la cabeza una especie de revelación, algo que no te suelen explicar:

El dinero no es el problema.
Nunca lo fue.

El problema es no saber moverte.
No estar en los sitios.
No exponerte.

En definitiva, no entender cómo funciona todo esto.

En mi largo historial de becas conseguidas, tengo anotado con orgullo la “Beca Jerker Nilsson 2012”. Porque tenía claro que si alguien había apostado así por mí, eso me iba a acompañar toda la vida, de una forma u otra.

Y desde entonces, no solo he seguido aplicando ese sistema para financiar mis estudios… también he ayudado a otros músicos a conseguirlo. Porque nada tiene que ver con la suerte. Se puede aprender.

Decidí que no se iba a quedar solo en una historia.

Como decía, es que no éramos familia.
Ni siquiera amigos cercanos.

Y aun así, hizo algo que cambió muchas cosas.

Así que esto es un GRACIAS.

Una especie de carta homenaje que probablemente nunca lea, o sí.

Pero también es un mensaje para ti.

Si alguna vez has pensado que no puedes avanzar por dinero, que no es tu momento, que no tienes los recursos… quizá no es exactamente así.

Te aseguro que hay más opciones de las que parece.

Están delante de tus narices, pero tienes que estar dispuesto a verlas.

Y a mover el culo, claro.

El audio de 7 minutos y 48 segundos con los tres pilares que marcan la diferencia entre «sonar bien» y dar el nivel en una orquesta de verdad… no es lo mismo. Aplícalo y verás.
Un análisis mensual donde destripo la interpretación de un suscriptor tubista y te explico cómo mejorarla paso a paso. (Podrías ser el siguiente. Instrucciones dentro).
Un email diario donde te comparto —en tiempo real— cómo me preparo y qué decisiones tomo (incluso las cagadas que cometo) entre ensayos, audiciones, conciertos y giras. Ojalá alguien me lo hubiera explicado antes de intentar ganarme un sitio en una orquesta profesional.
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PD: No sé quien, pero alguien dijo: “Hasta que nuestra misión no se convierta en obsesión, estaremos encadenados al terreno de la mediocridad.”

Por eso, todo lo que hice, lo volvería hacer mil veces más, aunque mi padre no hubiera partido. Pero lo haría sin utilizar la tuba como refugio.

Y esa es la idea que me gustaría transmitir a mis alumnos.

Nuevamente, gracias.
Viva el arte del TUBAISM !