A ver, llega un punto en el que empiezas a hacer pruebas, bolos, audiciones, conciertos. Y sin darte cuenta, ya te has metido en sitios donde ya no eres el “qué bien toca”…
….sino uno más intentando sostener el nivel que te marcan otros que son igual o mejores que tú. Ojo con eso.
Y ahí es donde cambia todo.
Porque cuando entras en ese juego, ya no basta con estudiar mejor o echarle más horas. Eso ya se da por hecho.
Lo que empieza a marcar la diferencia es otra cosa.
Cómo piensas.
Cómo decides.
Cómo gestionas cada momento.
Y ahí es donde entra el trabajo de mentalidad.
Tu mentalidad.
Porque cuando empiezas a hacer algo distinto y encima bien hecho, cuando te sales un poco de la norma y además empiezas a estar en ciertos sitios a los que otros no llegan…
… inevitablemente pasan cosas que ni esperabas.
Y no siempre son bonitas, ni cómodas. Ni siquiera fáciles de explicar.
¿Te suena esta frase?
El clavo que sobresale siempre
es el que recibe el martillazo.
Pues así es.
Aunque esos golpes, no siempre llegan en forma de fracaso.
Muchas veces, significa tomar decisiones.
Decisiones que te tocan las narices.
Decisiones que desde fuera nadie entiende.
Decisiones que no salen en ningún currículum.
Por eso, en lugar de escribir el típico “Sobre mí” en esta parte de mi web, donde se supone que un músico suele exponer su currículum y contar lo bien que le ha ido…
… yo he decidido hacer justo lo contrario (para variar).
Mejor te cuento:
Lo que no hice
Porque durante muchos años yo también fui anotando absolutamente todo: conciertos, cursos, profesores, orquestas (y aunque no sé para qué, ni para quién, me gustaba añadir nuevas líneas al currículum)…
… pero paralelamente fui anotando algo más raro aún y que casi nadie confiesa:
Las oportunidades a las que dije que NO.
De hecho, mientras escribo estas líneas, me doy cuenta de que esta lista decía mucho más de mí que cualquier currículum.

Y aquí empieza lo interesante (incluso absurdo a veces).
Por ejemplo, la primera vez que decliné a Israel Philharmonic… tiene miga la cosa.
Era para tocar la Sinfonía Alpina con mi colega Itai Agmon, bajo la batuta de Philippe Jordan durante una gira de 6 conciertos entre Jerusalem, Tel Aviv y Haifa.
Bueno, pues en mi orquesta, no me dieron permiso.
¿Por algún motivo de vida o muerte? Bueno, teníamos un concierto en dos pueblitos perdidos de mi país. El primero se acabó cancelando. Solo tocaron el segundo. Y digo “tocaron” porque, para más inri, yo di positivo en COVID y no pude acudir (menos mal que me sustituyó mi estimado David Llácer).
Vamos, que ni una cosa, ni la otra. Y así vienen las cosas muchas veces.
Hubo un momento…
…en el que tuve que decir que no a Chicago Symphony, para tocar Pájaro de Fuego con Ricardo Mutti. Y no por falta de ganas, como te podrás imaginar.
Pero nuevamente me coincidía con una grabación de la 7ª de Shostakovich con la Orquesta Nacional de España, que es mi trabajo principal y obviamente debía cumplir.
Porque desde dentro… es exactamente así como funciona esta profesión.
Para bien y para mal.
Recuerdo aquella vez…
…que me llamaron para tocar con Detroit Symphony. Era un proyecto muy potente, una de esas llamadas que si te llega unos años antes… vamos, ni te lo piensas. Pero fíjate, me pillaron centrado preparando unas pruebas para Suisse Romande y otras para Munich Philharmonic. Así que decidí que eso era lo prioritario y rechacé la propuesta.
Lo curioso es que las de Munich ni siquiera llegué a hacerlas. Estaba ya en la ciudad con todo preparado, habiendo invertido tiempo, dinero y energía… pero venía arrastrando problemas personales, temas familiares, y llevaba la cabeza como un bombo.
Pues decidí no tocar, así sin más. Es que no estaba nada fuerte mentalmente.
Y eso también cuenta como parte del juego, que no todo es salir y tocar pase lo que pase. A veces la decisión correcta es no hacerlo.
Pero si hay decisiones que de verdad te marcan, son las que van en contra de lo que llevas años buscando.
Soñaba con entrar en Civic Orchestra, la academia orquestal de Chicago Symphony.
Seis años intentándolo.
2010
2011
2012
2013
2014
2015…
Hasta que en 2016 entré.
Además me ofrecieron ser fellow, que es justo el siguiente nivel dentro del programa. Y eso significaba más proyectos, más visibilidad, más oportunidades, más dinero, más todo.
Aún así, lo rechacé.
¿No era importante?
Pues precisamente por eso.
Sabía lo que exigía. Y no iba a poder sostener todo mentalmente mientras viajaba constantemente para hacer el doctorado en Boston University. Simplemente preferí cortar.
Eso tampoco sale en ningún currículum, pero explica mucho más que cualquier otra cosa.
Ah, tema VISADO, una odisea.
De esas cosas que no dependen totalmente de ti.
Fueron 5 años para conseguir el visado de artista y por lo tanto sin poder trabajar en EE.UU., aunque me llamaran. Y me llamaban.
¿En 2022, Saint Louis Symphony, 8ª de Dvořák? — No
¿El mismo año, Boston Symphony, La consagración de la primavera? — Tampoco.
¿2023, Cincinnati, Chicago y San Diego? — Nada, 3 fuera.
¿2024, Chicago Symphony, Zarathustra? — No. Y ya con ganas de pegarme un tiro.
Y cuando ya parecía que se arreglaba…
Chris Olka me escribe para tocar la Sinfonía Alpina con Cincinnati Symphony. Y me lo avisa en julio de 2024, para tocar en abril de 2025.
Pero no me quedó otro remedio que contestarle:
— Chris… mejor te sigo diciendo que no, porque aunque el visado lo tengo ya casi en mis manos, no es algo que pueda asegurar al 100%.
Y va, y el visado me llega en enero de 2025, tres putos meses antes.
What the fuck..
(…hasta me fue más fácil conseguir el DNI de Massachussets siendo español. Meeeeeh…)

Luego, por ejemplo…
Es de vital importancia no crearse expectativas. Incluso cuando ya te han ofrecido algo.
Por ejemplo, Mike Roylance me preguntó una vez:
— “Oye Jose, tenemos a un chico que probablemente va a venir como segundo tuba para tocar la 4ª de Shostakovich con Andris Nelsons. Tanglewood, luego gira por Europa, más algunos conciertos de temporada en Boston y acabamos en New York, en Carnegie Hall. Pero aún no nos ha confirmado. Si finalmente dice que no, ¿tú podrías hacer todo esto?”
Le dije que sí y me anoté las fechas.
Pero ya está, sin fliparme. No me monté ninguna película en mi cabeza. Es que si te vienes arriba antes de tiempo, luego la caída puede ser seria. Muy seria.
De hecho, ese chico aceptó.
¿Lo ves?
Espera, no te pierdas esta historia que explica muy bien cómo funciona todo esto.
No sé si conoces Pokorny Seminar, pero es uno de los encuentros más importantes del mundo para cualquier tubista que vaya en serio.
En 2013, eché la solicitud por primera vez para poder asistir como alumno. Por suerte, fui seleccionado incluso para tocar en el recital final de alumnos, delante de Gene Pokorny y de todo el profesorado.
Pero, ¿acaso eso no es un éxito?
Sí claro, pero en esas mismas fechas me llamaron de la Fundación La Caixa para hacer la entrevista final de unas becas. Última fase después de pasar varios filtros.
Tenía que elegir.
O me quedaba en EE.UU. tocando delante de algunos de los nombres más importantes del mundo, con las puertas que se pueden abrir y oportunidades que ello implica.
O me volvía a Madrid para sentarme en una entrevista que, en ese momento, no garantizaba nada.
Elegí la entrevista.
Y no toqué en el recital.
En 2014 conseguí ir, como alumno.
Pero en 2025, volví como profesor invitado.
Mismo sitio.
Mismo seminario.
Distinto papel.
(Ah, y gané la beca)
Entonces, ¿merece la pena tantos golpes?

Pero sin duda, lo más jodido es cuando rechazas a los tuyos.
Y eso tampoco sale en ningún currículum.
Como detalle, este verano no podré acompañar a mi madre en su 85 cumpleaños porque me pilla trabajando con Santa Fe Opera, en EE.UU.
Y en los últimos años, por ejemplo, he sido el único primo que no ha ido a las bodas de la familia, bueno… ni de nadie.
Siempre he estado fuera, y me ha coincidido con giras largas con Mahler Chamber, Utopia Orchestra…. o algún momento épico como cuando toqué con New York Philharmonic (en la foto de arriba, que guardo con mucho cariño).
¿Tú que habrías eligido?
Joder, falleció mi abuela y yo estaba en Tanglewood, la academia orquestal de Boston Symphony.
Mira, ahí ni siquiera pude elegir. No llegaba a tiempo.
Pero bueno…
Después de todo, ahora ya tengo claro algo:
Decir que SÍ es fácil.
Lo difícil es saber cuándo decir que NO.
Y vivir con ello, porque cada vez que dices que sí a algo, estás diciendo que no a muchas otras cosas. Y me da la sensación como que la mayoría de la gente no decide, simplemente reacciona a lo que le viene.
Yo empecé a decidir.
A veces bien.
A veces mal.
Pero decidir al fin y al cabo.
Y es un punto clave porque empiezas a tener criterio. A construir algo con sentido. A dejar de hacer cosas solo porque “toca” o porque “queda bien”.
Entonces atas cabos.
Y te das cuenta de que muchos de esos “martillazos” de los que hablábamos antes… en realidad son una buena señal. Significan que estás en el juego. Que te están llamando. Que tienes que elegir (un problema que, por suerte o por desgracia, mucha gente aún no tiene).
Por eso esto no es un currículum.
Es justo lo contrario.
Es una colección de decisiones.
De cosas que no hice.
De caminos que descarté.
De momentos en los que dije que no, incluso cuando desde fuera parecía absurdo.
Si en tu caso te has planteado hacer las cosas de otra manera, no empieces por estudiar más.
Empieza por pensar mejor.
Luego ya, cárgate de trabajo.
Sea como sea, estás a tiempo de solucionarlo…
Lo bueno es que, si vas en serio con la tuba —y tu objetivo es tocar en una orquesta profesional— aún estás a tiempo de solucionarlo.
Suscríbete gratis y recibe:
***Y sí, también te presentaré mis formaciones.
Si eso te molesta, mejor no te apuntes.